Soy herramienta

Soy herramienta, Soy subproducto. Seducción visual

La importancia de esta muestra no radica en la innovación, en el descubrimiento, en la búsqueda del nuevo paradigma artístico, el cual dejará atónito al campo chileno y se erigirá como el portador de nuevos discursos y nuevas formas de recepción del trabajo del artista. Este conglomerado de obras no busca enfrascarse en debates acerca de la institucionalidad, límites o el concepto mismo del arte, menos desde la panorámica viciada de la Institución. Más bien, este proyecto se levanta como un retorno a la materialidad, a la visualidad, a la seducción del ojo; en otras palabras a la praxis sensorial, la cual englobando tanto la relación fundamental entre artista-objeto-espectador y por supuesto las tensiones que dicha relación provoca.

No hace falta ser parte de una elite o tener un ojo adiestrado en materia artística para sentirse atrapado por las obras aquí seleccionadas. No se impone como imperativo el entender acerca de producción y recepción para dejarnos cautivar por la infinidad de materiales y la riqueza de signos que se presentan ante nuestra privilegiada vista. El pegoteo y el reciclaje se hace patentes y laten en nuestra percepción, ya sea mediante en engolosinamiento del sentido, o por un shock violento producido por la presencia de lo grotesco. No cabe duda, los discursos existen y justifican las obras, pero sin estos la materialidad de la obra se sustenta de igual manera, ya que llama a lo primitivo, al deleite, la sorpresa y la sensación de un viaje sensorial; un ojo que va descubriendo formas y texturas trabajadas y complejas las cuales crean un universo que nos violenta y nos envuelve.

No presenciamos la forma a merced de un discurso, sometida y anulada, sino que la forma compañera de un transfondo que es articulado y validado por ésta. He aquí un juego entre lo oculto y lo expuesto. En la obra ocurre todo, está contenida una totalidad. La relación del artista con su entorno, la relación del espectador con la obra, siendo esta última el lugar de comunión entre ambos, y entre el mundo que al mismo tiempo los está acogiendo.

Este espacio de exposición es una trinchera, una trinchera tanto para artista, quien no ve su trabajo limitado ni censurado por paradigmas rectores, como para el espectador, ya que tiene la libertad de indagar en las obras por medio de estos “subproductos” sugerentes, los cuales fueron ideados a través de estos objetos y desechos con los cuales siempre hemos convivido, pero que en este minuto se les está dando una vuelta de tuerca más. Es la percepción atrapada, que permite darle tiempo al espectador para pensar qué, porqué o qué es lo que está viendo. Ahí recién empieza a operar el mensaje, el contenido, sin que éste pueda comerse a la obra, ya que ella se ha validado a sí mismo a través de su materialidad, de su corporalidad.

Espectador y artista se sumergen en un juego de miradas, algunas sutiles y otras de perplejidad, las cuales terminan relacionándose por medio de la obra, que sin duda es una red de vivencias, vivencias que son transportadas al material y donde encuentran su fundamento supremo ante el entorno y el contexto social.

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