Núcleo político que moviliza la acción curatorial
En la idea del arte de vivir me interesan varias cosas. Por una parte esa idea, de la que hoy estamos muy lejos, según la cual la obra de arte que tenemos que hacer no sólo es, o no es principalmente, una cosa (un objeto, un texto, una fortuna, una invención, una institución) que dejaríamos tras nosotros, sino simplemente nuestra vida y nosotros mismos. Para nosotros, sólo hay obra de arte donde algo escapa a la mortalidad de su creador. Para los antiguos, el arte de vivir se aplicaba, por el contrario, a eso tan pasajero que es la vida del que lo ponía en obra, sin perjuicio de, en el mejor de los casos, dejar tras de sí la estela o la marca de una repetición. Que la vida, porque es mortal, tiene que ser una obra de arte es un asunto notable.
El arte de vivir consiste en matar a la psicología, crear consigo mismo y con los demás individualidades, seres, relaciones, cualidades que no tengan nombre. Si no se consigue hacer eso en la propia vida, no merece ser vivida. No establezco diferencia entre la gente que hace de su existencia una obra y los que hacen una obra en su existencia. Una existencia puede ser una obra perfecta y sublime, y eso los griegos lo sabían, mientras que nosotros lo hemos olvidado por completo, sobre todo después del Renacimiento.
Fundamentación general
La escena de las artes contemporáneas se caracteriza por la proliferación de macro-eventos como son bienales, trienales, ferias, festivales y demases que han venido a construir el inconsciente político-cultural a partir del cual el artista imagina o re-imagina ingenuamente sus relaciones críticas con los sistemas de poder. Esta suerte de hiperinflación del arte y la cultura pareciera no exponer contrasentidos, pero para muchos teóricos y artistas no obedece más que a una demanda de los mercados internacionales de rentabilizar las diferencias disidentes resultantes de los acelerados procesos de globalización. En esta perspectiva, el auge del arte o su puesta en moda global no serían otra cosa que la implementación de un poderoso sistema de seducción cuyo fin es controlar y detener los procesos de autonomía creativa y política emprendidos por un cuerpo social que se reconoce en clara desventaja simbólica frente a las nuevas estrategias estetizadas del poder. En la actual era del capitalismo seductor, en efecto, artistas, teóricos, filósofos, curadores, galeristas y gestores se han convertido en los vigilantes de su propio potencial crítico, constituyéndose en los mejores y más preparados profesionales en la neutralización de los procesos transformadores de su hacer. Este conjunto de aspectos se refleja claramente en el especial protagonismo que han adquirido en la escena cultural las prácticas artísticas fundadas en la reactivación de los espacios afectivos (estéticas de corte relacional), así como en la preponderancia alcanzada por el tema de la ciudad en los debates sobre la función crítica que le compete al arte en el contexto global. Ambas coyunturas se han encargado de generar un espacio de reflexión y de sobre-exposición que ha totalizado los discursos y hegemonizado los temas y lugares de exposición; gesto sospechoso si se piensa que estas estéticas vinieron a desplazar y tachar de moda pasada a planteamientos visuales que focalizaban lo medular de su hacer en la reconstrucción identitaria del sujeto. En efecto, si bien la ciudad y los afectos son problemas esenciales en la cultura actual, su problematicidad no es mayor que la expuesta por movimientos artísticos que tematizaron la conformación disciplinaria del cuerpo, las políticas de representación yoica y los cuestionamientos de género. Más aún, podemos pensar que, sin el desarrollo de estas problemáticas, ni los afectos ni la urbe tendrían en el presente la cobertura crítica de la cual gozan y parasitan. Es bastante claro que esta puesta en fuera de escena de los discursos centrados en el sujeto depende de intereses que trascienden las barreras críticas del sistema-arte y de las reflexiones duras sobre las post-urbanidad. Sin embargo, también es real que este relevamiento se manifiesta muy oportuno en un contexto epocal donde los individuos comienzan a tomar consciencia del poder transformador que subyace al manejo estético-anárquico de sus vidas. Claramente, el individuo actual cada día está más convencido de la imposibilidad de desarrollar un proyecto vital de acuerdo a los modelos relacionales que le ofrece el sistema, no sólo porque el sistema no le entregue los recursos suficientes para alcanzar las ficciones que promueve, sino porque tales realities existenciales no tienen otra función que redirigir esos vectores de transformación hacia el fortalecimiento y la perpetuación del capital. Darse cuenta de esta dinámica estética del poder implica la posibilidad de que comiencen a fortalecerse opciones políticas que otrora fueran sancionadas de ineficaces (me refiero en particular a la fuerza alcanzada por los movimientos anarquistas en el presente), pero más interesante todavía resulta constatar que individualidades nómades han comenzado a percibir que la apropiación estética y poética de sus vidas es la mejor herramienta o arma con la que cuentan para enfrentar sistemas de gobierno que ya no están capacitados para brindar a la colectividad marcos éticos estables.
Planteamiento curatorial
Mi planteamiento curatorial surge de este conjunto de inquietudes y del afortunado encuentro con personas, alumnos, grupos de trabajo social y fenómenos teórico-políticos que, en su hacer, me han demostrado la aparición de nuevos modos de enfrentar el sin sentido de la cultura y la política actual. Estos encuentros afortunados me han llevado también a pensar que el arte y la cultura en su versión institucional sólo poseen un valor estratégico para los sistemas de poder y que todo lo que posee una densidad crítica se localiza en espacios difusos, donde las estratificaciones y reticulados disciplinantes de la institucionalidad cultural aun no cuajan ni cristalizan en formatos reconocibles o identificables. Este darme cuenta me ha llevado a pensar que una buena manera de fortalecer estas prácticas de resistencia es intentar crear espacios donde estas micro-revoluciones puedan mostrarse, de manera de ser una fuente de nuevos modelos y de inéditas tácticas para el individuo común. Siendo consecuente con esta idea, he decidido enfocar mi trabajo curatorial no a la exposición de obras sino a la muestra de plataformas estético-poéticas que decanten en la reformulación radical del sí mismo. Estos auténticos laboratorios de transfiguración estética de la vida son para mí, en la actualidad, los verdaderos lugares donde se está fraguando el futuro político de la ciudadanía actual. Por ende, espero que la exposición de estas existencias contribuya a generar un porvenir donde el arte tenga muy poco que decir, puesto que la apropiación de los potenciales autopoiéticos de la vida habrá tomado su lugar.
Sobre los artistas seleccionados
Los artistas y creadores seleccionados tienen en común el desarrollar un trabajo estético en el cual se aprecia un retorno crítico a la figura del sujeto. Este retorno opera en ellos de modo diferente a como fue tratado por artistas de generaciones anteriores, cultores del género o de las estéticas del yo. Dichas estéticas, en efecto, se plantearon cuestionar las interpretaciones cultural-políticas que determinan las identidades de una colectividad, mientras que las nuevas formas de pensar el sujeto utilizan el espacio artístico y sus metodologías de ruptura para generar tácticas y estrategias de transformación de su sí mismo. Estos creadores ya no ponen en juego la ecuación entre arte y vida, su distancia e imposibilidad, sino que se proponen inaugurar la anarquía estética de los cuerpos.
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Natalia Bravo
Wladimir Dávila
Alonso González
Sebastián González
Marilyn Hernández
D.J. Fracaso
Samuel Ibarra
Tamara Jara
Nemesio Orellana
José Piraíno
Diego Rodríguez
Daniela Quiroz
Francisco Olivos
Javier Rodríguez Pino
Luis Almendra
Evelinne Cáceres
Mauricio Torres
Marianne Dinamarca
Andrea Paz González
Vladimir Ramírez
Pablo Saavedra
María Paz Escobar
Felipe Rojas
Catalina Flores
Josefina Carvajal
Enzo Bravo
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